Mons. Diego Luis Rendón Urrea

Lema Episcopal: 

Octavo Obispo de Jericó (2026 – Actualidad)

Monseñor Diego Luis Rendón Urrea nació en Rionegro, Antioquia, el 3 de junio de 1967. Fue nombrado por el papa León XIV como octavo Obispo de la Diócesis de Jericó el 13 de julio de 2026.

Sacerdote de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, ha desarrollado un fecundo ministerio en los campos de la pastoral, la formación, la educación y la acción social. Ha desempeñado diversos servicios eclesiales, entre ellos vicario parroquial en Amalfi, promotor vocacional, delegado de Pastoral Misionera, delegado de Pastoral Social, vicario de Pastoral, capellán del SENA en Bogotá y párroco de Nuestra Señora del Carmen en Gómez Plata.

Desde 2015 se desempeña como rector general y representante legal de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN, instituciones desde las cuales ha impulsado la formación integral, la innovación educativa y la evangelización mediante el uso de las tecnologías. 

También ha sido miembro del Colegio de Consultores y del Consejo Presbiteral de la Diócesis de Santa Rosa de Osos.

Su nombramiento como Obispo de Jericó abre una nueva etapa para esta Iglesia particular, confiándole la misión de continuar el anuncio del Evangelio, fortalecer la comunión eclesial y acompañar el camino pastoral de la diócesis. Al momento de su designación se encuentra a la espera de recibir la ordenación episcopal y tomar posesión canónica de la Diócesis de Jericó.

Anteriores Obispos

1.916 - 1.960

Monseñor Maximiliano Crespo Rivera

Impulsor y fundador de la Diócesis de Jericó

Lema Episcopal: «Ad majorem Dei Gloriam» – (A la mayor gloria de Dios).

Administrador Apostólico: 1.916 – 1.917

Monseñor Maximiliano Crespo Rivera nació en Buga, Valle del Cauca, el 18 de octubre de 1861. Desde joven manifestó una profunda vocación sacerdotal, realizando sus estudios en los seminarios de Popayán y Bogotá. Fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1885 para la Diócesis de Popayán.

Durante los primeros años de su ministerio desempeñó importantes responsabilidades pastorales, académicas y administrativas. Fue rector de la Universidad del Cauca, visitador eclesiástico y colaborador cercano de los obispos de su tiempo. Su inteligencia, espíritu de servicio y celo apostólico le hicieron merecedor de la confianza de la Iglesia.

El Papa San Pío X lo nombró Obispo de Santa Fe de Antioquia el 18 de octubre de 1910, recibiendo la consagración episcopal el 24 de febrero de 1911. Desde esta sede episcopal promovió una intensa labor evangelizadora y comprendió la necesidad de crear nuevas jurisdicciones eclesiásticas que permitieran una mejor atención pastoral de los fieles.

Gracias a su iniciativa y liderazgo se adelantaron las gestiones que condujeron a la creación de la Diócesis de Jericó y de la Diócesis de Santa Rosa de Osos en 1917. Aunque fue designado como primer obispo de Santa Rosa de Osos, la Iglesia de Jericó reconoce en él a uno de sus principales fundadores y benefactores, pues su visión pastoral hizo posible el nacimiento de nuestra diócesis.

En 1924 fue promovido a Arzobispo de Popayán, donde continuó ejerciendo su ministerio con dedicación y espíritu misionero hasta el final de sus días. Falleció en Palmira el 7 de noviembre de 1940.

La historia de la Diócesis de Jericó conserva con gratitud la memoria de Monseñor Maximiliano Crespo Rivera, pastor sabio y visionario, cuya entrega y compromiso con la evangelización hicieron posible la creación de esta Iglesia particular que hoy continúa anunciando el Evangelio en las montañas del suroeste antioqueño.

Monseñor Francisco Cristóbal Toro Correa

Lema Episcopal: «Adveniat Regnum Tuum» – (Venga Tú Reino).

Obispo Diócesis unidas de Antioquia y Jericó: 1.917 – 1.942 Primer Obispo de Jericó (1917-1942)

Monseñor Francisco Cristóbal Toro Correa nació en Santa Fe de Antioquia el 8 de abril de 1869, en el hogar de Manuel Antonio Toro y Feliciana Correa. Desde muy joven manifestó una notable inclinación hacia la vida eclesiástica. Ingresó al Seminario de Santa Fe de Antioquia y posteriormente viajó a Roma, donde realizó estudios de Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, obteniendo el doctorado en ambas disciplinas. Fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1894.

A su regreso a Colombia desempeñó importantes responsabilidades pastorales y académicas como profesor, vicerrector, párroco, canónigo, secretario episcopal y vicario general. En 1911 fue nombrado Obispo de Socorro y San Gil, y posteriormente trasladado a la Diócesis de Santa Marta.

El 8 de febrero de 1917 fue designado como primer Obispo de las diócesis unidas de Antioquia y Jericó, convirtiéndose así en el primer pastor de la naciente Iglesia particular de Jericó. Su primera Misa Pontifical en la ciudad episcopal se celebró el 15 de agosto de 1917. Su lema episcopal fue: «Venga a nosotros tu Reino».

Durante veinticinco años gobernó simultáneamente las diócesis de Antioquia y Jericó, guiando con prudencia y sabiduría una extensa región del occidente antioqueño. A él se debe la paternidad espiritual de varias comunidades que nacieron durante su episcopado, entre ellas las parroquias de Tarso, Buenos Aires, Hispania, Palermo, Santa Rita y Santa Inés.

Monseñor Toro Correa fue un pastor profundamente amado por sus fieles. Se distinguió por su bondad, prudencia, espíritu de servicio y cercanía a las comunidades. Promovió la educación, fortaleció la vida eclesial y acompañó el crecimiento de las parroquias con una visión pastoral amplia y generosa.

Uno de los acontecimientos más significativos de su ministerio fue la gestión ante la Santa Sede que permitió la restauración de la Diócesis de Antioquia como jurisdicción independiente en 1941, garantizando así una mejor atención pastoral para ambas Iglesias particulares. Tras esta reorganización eclesiástica continuó sirviendo como Administrador Apostólico de Jericó.

 Falleció en Medellín el 16 de noviembre de 1942.

La Diócesis de Jericó guarda con profunda gratitud la memoria de Monseñor Francisco Cristóbal Toro Correa, su primer obispo, pastor ejemplar y auténtico hombre de Dios, cuya fe, prudencia y entrega apostólica contribuyeron decisivamente a consolidar los cimientos de nuestra Iglesia particular.

Monseñor Antonio José Jaramillo Tobón

Lema Episcopal: «Sanctificetur Nomen Tuum» – (Santificado sea Tú Nombre)

Tercer Obispo de Jericó: 1.942 - 1.960

Monseñor Antonio José Jaramillo Tobón nació en Belmira, Antioquia, el 10 de octubre de 1886. Hijo de Juan Nepomuceno Jaramillo Roldán y Mariana Tobón Roldán, realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Santa Fe de Antioquia y fue ordenado sacerdote el 10 de noviembre de 1912.

Su ministerio sacerdotal estuvo estrechamente ligado a la Iglesia de Jericó. Fue párroco de Jericó y de Cañasgordas, además de desempeñarse como Secretario Episcopal de Monseñor Francisco Cristóbal Toro Correa. Gracias a sus cualidades humanas, espirituales y administrativas, fue llamado a asumir mayores responsabilidades dentro de la diócesis.

Tras la restauración de la Diócesis de Jericó como jurisdicción autónoma en 1941, el Papa Pío XII lo nombró Obispo de Jericó el 7 de febrero de 1942. Recibió la ordenación episcopal el 12 de abril del mismo año de manos del Nuncio Apostólico en Colombia, Monseñor Carlo Serena. Su lema episcopal fue: «Santificado sea tu nombre».

Durante dieciocho años de gobierno pastoral desarrolló una labor extraordinaria que marcó profundamente la vida de la diócesis. Se distinguió por su espíritu de servicio, su amor a la Iglesia y su capacidad organizativa. Realizó 95 visitas pastorales, promovió la creación de nuevas comunidades parroquiales, impulsó la llegada de comunidades religiosas, ordenó 45 sacerdotes para la diócesis y fortaleció la formación de las futuras vocaciones sacerdotales.

Entre sus obras más significativas sobresalen el impulso a la construcción de la nueva Catedral de Jericó, la edificación del Palacio Episcopal, la promoción del Seminario Menor y la construcción del Preseminario Juan XXIII en Tapartó. Asimismo, veló cuidadosamente por la organización de la Curia Diocesana, los archivos eclesiásticos y la estabilidad espiritual, moral y económica de la diócesis.

Monseñor Jaramillo amó profundamente a Jericó. Permaneció en esta tierra durante más de cuarenta años, primero como sacerdote y luego como obispo. Defendió siempre la permanencia de la sede episcopal en la ciudad y entregó a esta Iglesia particular lo mejor de sus talentos y energías.

Por motivos de salud presentó su renuncia al Papa San Juan XXIII el 31 de marzo de 1960, siendo distinguido posteriormente con el título de Arzobispo Titular. Falleció repentinamente en Medellín el 27 de abril de 1969, después de haber celebrado la Santa Misa. Algunos años más tarde, sus restos fueron trasladados a Jericó, la tierra a la que dedicó gran parte de su vida y de su ministerio.

La Diócesis de Jericó conserva con gratitud la memoria de Monseñor Antonio José Jaramillo Tobón como uno de sus grandes pastores: hombre de profunda fe, administrador prudente, promotor de las vocaciones y constructor incansable de las bases espirituales e institucionales sobre las cuales continúa edificándose nuestra Iglesia particular.

1.960 - 2.003

Monseñor Augusto Trujillo Arango

Lema Episcopal: "Animan Pro Ovibus" – (La vida por las ovejas).

Tercer Obispo Jericó: 1.960 - 1.970

Monseñor Augusto Trujillo Arango nació en Santa Rosa de Cabal el 5 de agosto de 1922. Hijo de Lázaro Trujillo Gómez y Ana Arango Escobar, desde muy joven destacó por sus excepcionales cualidades intelectuales, especialmente como escritor y orador. Realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Manizales y obtuvo el Doctorado en Sagrada Teología en la Universidad Católica de América, en Washington D.C. Fue ordenado sacerdote el 6 de agosto de 1945.

Después de desempeñar diversos ministerios pastorales y formativos en la Arquidiócesis de Manizales, el Papa Pío XII lo nombró Obispo Auxiliar de Manizales en 1957, cuando apenas contaba con 34 años de edad.

El Papa San Juan XXIII lo designó Obispo de Jericó el 31 de marzo de 1960, tomando posesión de la diócesis el 24 de junio del mismo año. Durante sus diez años de ministerio episcopal en Jericó dejó una profunda huella pastoral y espiritual. Participó activamente en las sesiones del Concilio Vaticano II, acontecimiento que marcó decisivamente la renovación de la Iglesia contemporánea y cuya implementación promovió en nuestra diócesis.

Entre los hechos más significativos de su episcopado sobresale la solemne consagración de la nueva Catedral de Jericó el 20 de septiembre de 1969, uno de los acontecimientos más importantes en la historia de nuestra Iglesia particular. Se distinguió igualmente por su cercanía al pueblo, su preocupación por la formación sacerdotal, el impulso a las vocaciones y su visión renovadora de la acción pastoral.

El 20 de febrero de 1970 fue promovido por el Papa San Pablo VI a la Arquidiócesis de Tunja, donde ejerció su ministerio como arzobispo durante veintiocho años. Allí desarrolló una intensa labor evangelizadora, promoviendo la pastoral juvenil, familiar y vocacional, así como la participación de los laicos en la misión de la Iglesia.

A nivel nacional fue reconocido como uno de los grandes oradores del episcopado colombiano. Durante más de cuarenta años pronunció el tradicional Sermón de las Siete Palabras transmitido por radio a todo el país durante el Viernes Santo, convirtiéndose en una voz familiar para generaciones de colombianos.

Tras su retiro en 1998 regresó a Manizales, donde continuó viviendo con sencillez, espíritu sacerdotal y profunda unión con Dios. Falleció el 24 de febrero de 2007 a los 84 años de edad.

La Diócesis de Jericó conserva con gratitud el recuerdo de Monseñor Augusto Trujillo Arango como un pastor sabio, cercano y profundamente humano, cuya participación en el Concilio Vaticano II, su amor por la Iglesia y su servicio generoso contribuyeron decisivamente al crecimiento y consolidación de nuestra Iglesia particular.

Monseñor Juan Eliseo Mojica Oliveros

Lema Episcopal: «Evangelizantes Jesum» – (Anunciar a Jesús).

Cuarto Obispo de Jericó (1970-1977)

Monseñor Juan Eliseo Mojica Oliveros nació en Susacón, Boyacá, el 12 de junio de 1918. Fue ordenado sacerdote el 7 de junio de 1941 y desarrolló una fecunda labor pastoral en la Iglesia colombiana. El 1 de mayo de 1967 recibió la ordenación episcopal como Obispo Auxiliar de Tunja y titular de Baliana.

El Papa San Pablo VI lo nombró Obispo de Jericó el 4 de junio de 1970. Tomó posesión canónica de la diócesis el 18 de julio del mismo año, sucediendo a Monseñor Augusto Trujillo Arango. Su lema episcopal fue: «Anunciar a Jesús», expresión que sintetizó el espíritu misionero que caracterizó todo su ministerio.

Desde su llegada emprendió una intensa labor pastoral orientada por las enseñanzas del Concilio Vaticano II y las orientaciones de la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín. Con gran dinamismo recorrió las parroquias de la diócesis, promovió la participación de los laicos en la misión evangelizadora y fortaleció los organismos de comunión y corresponsabilidad pastoral.

Durante su episcopado impulsó decididamente la organización pastoral de la diócesis. Promovió la creación y fortalecimiento de los Consejos Pastorales, el Consejo Presbiteral, la pastoral vocacional y los procesos de formación apostólica. Igualmente apoyó numerosas iniciativas de pastoral social, formación de líderes laicos, acción comunitaria y promoción humana.

Uno de los legados más significativos de su ministerio fue la construcción de la Casa de Ejercicios Lisieux, concebida como un espacio para la formación espiritual, pastoral y apostólica de los agentes de evangelización. Esta obra, que continúa prestando un invaluable servicio a la diócesis, refleja su convicción de que una Iglesia viva requiere la formación permanente de sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos.

Monseñor Mojica se distinguió por su sencillez, cercanía pastoral y profundo amor por las comunidades. Recorrió incansablemente la geografía diocesana, animando la vida parroquial y fortaleciendo la acción evangelizadora en todos los rincones del territorio.

Su episcopado estuvo marcado también por momentos de dificultad y desafíos propios de los años posteriores al Concilio Vaticano II. Sin embargo, afrontó estas situaciones con prudencia, serenidad y fidelidad a la Iglesia, manteniendo siempre el diálogo y la búsqueda del bien común para la diócesis.

El 26 de abril de 1977 fue nombrado por la Santa Sede como primer Obispo de la nueva Diócesis de Garagoa, en Boyacá, tomando posesión de ella el 17 de junio del mismo año. Concluía así un fecundo servicio de siete años en la Diócesis de Jericó.

Falleció el 29 de diciembre de 1989, dejando el recuerdo de un pastor entregado, promotor de la participación de los laicos y convencido de que la evangelización debía llegar a todos los ambientes de la sociedad.

La Diócesis de Jericó agradece la memoria de Monseñor Juan Eliseo Mojica Oliveros, pastor misionero y renovador, cuyo ministerio contribuyó a consolidar una Iglesia más participativa, evangelizadora y comprometida con la formación de sus agentes pastorales.

Monseñor Augusto Aristizábal Ospina

Lema Episcopal: «Omnia Propter Electos» – (Todo por los elegidos).

Quinto Obispo de Jericó (1977-2003)

Monseñor Augusto Aristizábal Ospina nació en Manizales el 26 de mayo de 1928. Hijo de Belisario Aristizábal y Josefina Ospina, realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Medellín, donde fue ordenado sacerdote el 31 de octubre de 1954 por Monseñor Buenaventura Jáuregui. Ejerció su ministerio sacerdotal en la naciente Diócesis de Sonsón, desempeñándose en diversas responsabilidades pastorales, formativas y administrativas. Complementó su formación con estudios en Canadá y fue Canciller Episcopal de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.

El Papa San Pablo VI lo nombró Obispo Auxiliar de Cali el 3 de junio de 1969 y recibió la ordenación episcopal el 20 de julio del mismo año. Posteriormente, el 4 de noviembre de 1977 fue designado Obispo de Jericó, tomando posesión canónica de la diócesis el 15 de diciembre de ese año.

Durante veintiséis años de ministerio episcopal condujo la Iglesia de Jericó con sabiduría, cercanía y extraordinaria dedicación, convirtiéndose en el obispo de más larga permanencia en la historia de la diócesis. Su episcopado estuvo marcado por una intensa actividad pastoral, una profunda preocupación por la unidad del presbiterio y un decidido impulso a la formación sacerdotal y laical.

Uno de los logros más significativos de su gobierno fue la reapertura del Seminario Mayor San Juan Eudes en 1984, acontecimiento que fortaleció de manera decisiva la formación de las vocaciones sacerdotales de la diócesis. Gracias a este esfuerzo, la Iglesia particular de Jericó experimentó un notable florecimiento vocacional y misionero.

Monseñor Aristizábal promovió permanentemente la comunión entre los sacerdotes, fortaleciendo los encuentros presbiterales, las reuniones de las vicarías foráneas, el Consejo Presbiteral y el Colegio de Consultores. Consideraba que la unidad del clero era una condición indispensable para la fecundidad de la acción evangelizadora y dedicó grandes esfuerzos a cultivarla mediante el diálogo, la fraternidad sacerdotal y la formación permanente.

Su acción pastoral produjo abundantes frutos. Durante su episcopado fueron ordenados 74 sacerdotes, se erigieron cinco nuevas parroquias, se fundaron numerosas casas religiosas y se construyeron o restauraron importantes templos de la diócesis. Asimismo, promovió el envío de sacerdotes misioneros a otras Iglesias particulares de Colombia, Centroamérica y Estados Unidos, haciendo de la Diócesis de Jericó una Iglesia generosa en el compartir de sus vocaciones.

También dejó una importante huella administrativa y doctrinal mediante la publicación de ocho Cartas Pastorales, 167 Cartas Circulares y 466 Decretos, documentos que reflejan su amor por la Iglesia, su preocupación por la vida pastoral y su deseo de orientar con claridad el caminar diocesano.

Su liderazgo permitió además que varios sacerdotes del presbiterio de Jericó fueran llamados al episcopado, contribuyendo significativamente a la presencia de la diócesis en la vida de la Iglesia colombiana.

Al cumplir la edad establecida por el Derecho Canónico presentó su renuncia al Papa San Juan Pablo II, quien la aceptó el 7 de octubre de 2003. Falleció en Medellín el 6 de noviembre de 2004, pocos meses después de concluir su servicio episcopal.

Sus restos reposan en la Cripta de los Obispos de la Catedral de Jericó, donde permanece viva la memoria de un pastor que dedicó más de un cuarto de siglo al crecimiento espiritual, pastoral y vocacional de esta Iglesia particular.

La Diócesis de Jericó recuerda con especial gratitud a Monseñor Augusto Aristizábal Ospina como un padre cercano, promotor de la unidad sacerdotal, impulsor de las vocaciones y uno de los grandes constructores de la historia contemporánea de nuestra Iglesia diocesana.

2.003 - 2.013

Monseñor José Roberto López Londoño

Lema Episcopal: «Non ministrari sed ministrare» – (No ser servido sino servir).

Sexto Obispo de Jericó (2003-2013)

Monseñor José Roberto López Londoño nació en Yalí, Antioquia, el 30 de junio de 1937, en el hogar de José Roberto López y María Concepción Londoño. Desde su infancia recibió una sólida formación cristiana y humana que marcaría profundamente su vocación sacerdotal y episcopal.

Realizó sus estudios de primaria en Yalí y Maceo, y posteriormente ingresó al Seminario Menor y al Seminario Mayor de Medellín. Fue ordenado sacerdote el 26 de agosto de 1962. Complementó su formación con estudios de pedagogía en la Universidad de Lovaina, en Bélgica, y de espiritualidad en el Instituto Pastoral del CELAM. Durante varios años ejerció como formador, director espiritual y rector en las instituciones de formación sacerdotal de la Arquidiócesis de Medellín.

El Papa San Juan Pablo II lo nombró Obispo Auxiliar de Medellín el 24 de mayo de 1982. Recibió la ordenación episcopal el 3 de julio del mismo año, adoptando como lema: «Non ministrari, sed ministrare» («No para ser servido, sino para servir»). En 1987 fue nombrado Obispo de Armenia, donde desarrolló un fecundo ministerio pastoral durante dieciséis años.

El 7 de octubre de 2003 fue designado Obispo de Jericó por San Juan Pablo II y tomó posesión canónica de la diócesis el 13 de diciembre del mismo año. Su episcopado coincidió con una etapa de preparación espiritual, pastoral e institucional para la celebración del primer centenario de la Diócesis de Jericó.

Durante casi diez años de servicio pastoral impulsó la renovación evangelizadora de la diócesis mediante misiones, visitas pastorales, procesos de formación y una cuidadosa organización administrativa. Ordenó 34 sacerdotes, realizó 28 visitas pastorales, erigió la Parroquia de Peñalisa y promovió diversas iniciativas de animación misionera y pastoral.

Entre sus aportes más significativos sobresalen la promulgación de las Normas de Administración de Bienes Eclesiásticos, la consolidación de la Programación Pastoral Diocesana y la publicación de la Carta Pastoral «En camino hacia el Centenario Diocesano», documentos que ayudaron a fortalecer la comunión, la planeación pastoral y la adecuada administración de los bienes de la Iglesia.

A Monseñor Roberto le correspondió además acompañar uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de la diócesis: la beatificación de la Madre Laura en 2004 y su posterior canonización por el Papa Francisco el 12 de mayo de 2013. Como Obispo de la diócesis donde nació Santa Laura Montoya, participó en ambos acontecimientos en Roma y promovió en Jericó grandes celebraciones de acción de gracias que fortalecieron la identidad espiritual de la Iglesia particular.

También impulsó la llegada y consolidación de nuevas comunidades religiosas, promovió las misiones diocesanas y alentó una Iglesia más misionera, participativa y comprometida con la evangelización.

Al cumplir la edad establecida por el Derecho Canónico presentó su renuncia al Santo Padre. El Papa Benedicto XVI le pidió permanecer en el gobierno pastoral de la diócesis hasta la canonización de la Madre Laura, acontecimiento que pudo vivir y celebrar como uno de los grandes regalos de su ministerio episcopal. El Papa Francisco aceptó su renuncia el 13 de junio de 2013.

Falleció en Medellín el 21 de septiembre de 2018. Sus restos fueron trasladados a Jericó y reposan en la Cripta de los Obispos de la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes, conforme a su deseo de permanecer para siempre junto a la Iglesia que amó y sirvió.

La Diócesis de Jericó recuerda con gratitud a Monseñor José Roberto López Londoño como un pastor cercano, sereno y profundamente espiritual, que condujo a esta Iglesia particular en los albores de su centenario y tuvo la alegría de acompañar la glorificación de su hija más ilustre: Santa Laura Montoya.

Mons. Noel Antonio Londoño Buitrago, C.SS.R.
Lema episcopal: «Cristo nos amó y se entregó por nosotros»

fue el séptimo Obispo de Jericó (2013–2026). Nació en Quimbaya (Quindío) el 6 de agosto de 1949. Ingresó a la Congregación del Santísimo Redentor, profesó perpetuamente en 1973 y fue ordenado sacerdote el 23 de noviembre de ese mismo año.

Realizó estudios de Filosofía y Teología en Bogotá y obtuvo el Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Desempeñó importantes responsabilidades académicas y de gobierno en la Congregación Redentorista, fue rector del Seminario Mayor Redentorista, Consultor General de la Congregación en Roma durante doce años, rector de la Basílica del Señor de los Milagros de Buga y Coordinador de los Misioneros Redentoristas de América Latina y el Caribe.

El papa Francisco lo nombró Obispo de Jericó el 13 de junio de 2013. Recibió la ordenación episcopal el 10 de agosto y tomó posesión canónica de la diócesis el 24 de agosto del mismo año. Su episcopado estuvo marcado por la celebración del Primer Centenario de la Diócesis (2015), la actualización e implementación del Plan Diocesano de Evangelización, el fortalecimiento de la formación pastoral, el impulso de la Escuela Diocesana de Evangelización y Renovación (EDER), la promoción de la corresponsabilidad laical y el acompañamiento cercano a las comunidades parroquiales. Durante su gobierno elevó a Santuario el templo de Santa Laura Montoya en Jericó.

Reconocido teólogo y escritor, es autor de numerosas publicaciones sobre teología, espiritualidad e historia de la Iglesia. También se destacó por su compromiso con la ecología integral y la defensa del territorio, promoviendo una pastoral inspirada en la Laudato Si’ y en la Doctrina Social de la Iglesia.

Al cumplir los 75 años presentó su renuncia al Santo Padre, conforme al Derecho Canónico. El papa León XIV la aceptó y le pidió permanecer al frente de la diócesis hasta el nombramiento de su sucesor, suceso que dió lugar el 13 de julio de 2026.

Su ministerio dejó como legado una Iglesia más  comprometida con la evangelización sinodal y el desarrollo integral de las comunidades.