Con sentimientos de profunda gratitud al Señor y con la esperanza puesta en el camino que comienza, Monseñor Diego Luis Rendón Urrea, Obispo electo de la Diócesis de Jericó, dirigió su primer saludo oficial al presbiterio, a la vida consagrada y a todo el pueblo fiel de Dios que peregrina en esta Iglesia particular.
En este mensaje, que marca el inicio de su ministerio episcopal entre nosotros, el nuevo Pastor expresa su cercanía espiritual y su deseo de encontrarse con cada una de las comunidades que conforman la diócesis. Con un lenguaje sereno y fraterno, invita a vivir este tiempo como una oportunidad para fortalecer la comunión eclesial, renovar el entusiasmo misionero y caminar unidos en la escucha de la voluntad de Dios.
Monseñor Diego Luis manifiesta su gratitud al Santo Padre por la confianza depositada en él y saluda con especial afecto al presbiterio diocesano, reconociendo la generosa entrega pastoral de los sacerdotes, así como el valioso testimonio de las comunidades religiosas, los seminaristas y los fieles laicos que, desde sus diversos carismas y ministerios, edifican diariamente la Iglesia de Jericó.
En su mensaje anima a toda la comunidad diocesana a continuar avanzando con esperanza, fortaleciendo la unidad, la corresponsabilidad y el espíritu misionero que han caracterizado el caminar de la diócesis. Asimismo, invita a mantener la mirada fija en Jesucristo, Buen Pastor, para que cada comunidad sea signo vivo del Evangelio y de la presencia amorosa de Dios en medio del Suroeste antioqueño.
Este primer saludo se convierte en una invitación a preparar el corazón para recibir a quien ha sido llamado a pastorear esta Iglesia particular, confiando en que el Espíritu Santo seguirá guiando el camino evangelizador de la Diócesis de Jericó, en continuidad con su Plan Diocesano de Evangelización y con el impulso de una Iglesia que camina en comunión, participación y misión.
La Diócesis de Jericó encomienda el ministerio episcopal de Monseñor Diego Luis Rendón Urrea a la protección de la Santísima Virgen María, de Santa Laura Montoya y de los Beatos Mártires de nuestra Iglesia particular, para que el Señor haga fecundo su servicio pastoral y conceda a toda la comunidad diocesana la gracia de seguir siendo una Iglesia en salida, evangelizada y evangelizadora.

