
El Reino de Dios se Celebra Documento guía: SACROSANCTUM CONCILIUM
La Dimensión Pastoral de la Liturgia comprende los ministerios y servicios que acompañan la celebración de la fe en la Comunidad, es decir, Eucaristía, sacramentos, celebraciones, piedad popular, fiestas, oración y devociones.
Marco Doctrinal de la dimensión pastoral de Liturgia a partir del plan diocesano de Pastora
La dimensión litúrgica en la Iglesia Católica es fundamental por varias razones, reflejando su profundo significado teológico, comunitario y espiritual. El Concilio Vaticano II describió la liturgia como la «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» (Sacrosanctum Concilium, 10). Esto significa que todas las actividades de la Iglesia fluyen de la liturgia y están ordenadas hacia ella. La liturgia no sólo alimenta la vida espiritual de los fieles sino que también orienta todas sus actividades hacia el servicio de Dios y el prójimo.
En la visión de la Iglesia que anhelamos para nuestra Diócesis, se destaca por tanto un profundo compromiso con la liturgia como centro significativo de nuestra vida eclesial y como fuente de encuentro con Cristo. En este sentido, imaginamos una Iglesia que celebra y vive su fe a través de una liturgia consciente, activa y fructíferamente asumida, donde cada celebración litúrgica se convierte en una experiencia religiosa profunda para todas las personas.
En esta Iglesia soñada, los ministros ordenados son líderes en mostrar con su vida que la liturgia es el corazón de la vida eclesial. Se prepara, celebra y vive con toda la intensidad y fe que merece, otorgando participación activa a los fieles y convirtiendo la homilía en un momento crucial para comunicar la experiencia de Dios y la presencia de Cristo, haciendo de la liturgia una vida y de nuestra vida una liturgia.
Además, esta Iglesia cuida con esmero la vivencia de la sagrada eucaristía, reconociéndola como la «fuente y cima de toda la vida cristiana». Dedica una atención especial al domingo, el «Día del Señor», y se compromete con la dinámica evangelizadora de la celebración de los sacramentos, buscando una Iglesia activa y contemplativa, leal a las normas y al orden establecido para las diferentes celebraciones.
En esta visión de la Iglesia, se reconoce, promueve y vive la ministerialidad en toda acción litúrgica, dando protagonismo a los fieles laicos que prestan sus servicios en diversos ministerios como el canto, las lecturas y la acogida. Se les capacita para desempeñarse adecuadamente en la liturgia eclesial y se valora su papel en la acción litúrgica, promoviendo el ejercicio de los ministerios laicales y ofreciendo formación y acompañamiento para su desarrollo y poco a poco se va implementando y oficializando los ministerios ‘a) de hecho’, ‘b) reconocidos’ y ‘c) instituidos’ para laicos y laicas.
Asimismo, esta Iglesia aprecia y valora las diferentes expresiones de la piedad popular, reconociendo que reflejan una sed de Dios que solo los pobres y sencillos pueden conocer. Favorece la mutua fecundación de la piedad popular y la liturgia, y educa a las comunidades para que acepten, valoren y motiven el ejercicio de los ministerios instituidos.
En última instancia, esta Iglesia se concibe como una “Madre y Maestra” en el acompañamiento discipular, ofreciendo formación permanente para una participación activa y una vivencia plena de la experiencia litúrgica en nuestras comunidades, guiando a sus fieles hacia un encuentro más profundo con Cristo en la liturgia y en la vida cotidiana.
Hace parte de esta delegación la:
Son sufragáneos de esta dimensión los grupos y apostolados parroquiales relacionados con: Formación litúrgica, Grupo de liturgia, Lectores instituidos o de hecho, Comentadores, Acólitos instituidos o de hecho, Animadores del canto y coros, Ministros extraordinarios de la comunión, Sacristanes, Comisiones de Semana Santa patronales y Corpus Christi, Novena y devociones populares, Celebración de los sacramentos, Sepultureros.
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